Es inevitable, esos cambios llegan ¿y entonces qué? Qué hay de ahí en adelante, qué pasará con lo vivido hasta ese instante, miles de interrogantes nos inhundan la mente, y lo único que queremos es retroceder, volver a vivir todos esos momentos porque apenas nos dió tiempo de saborearlos.
Sientes como se humedecen los ojos, notas como se acumulan las lagrimas y no quieres soltarlas, pero finalmente cae una, y detrás de esa una van las demás, te duele que haya acabado tu momento, te duele que tengas que cerrar una etapa la cual no decidiste acabar. Te sientes impotente porque el tiempo te obliga a cambiar, te sientes forzado a pasar página, una que no quieres pasar.
Piensas que tal vez sea lo mejor, pero también piensas, que es algo que te gusta, son momentos de la vida que nos confunden completamente, y es una confusión interna, porque no sabes en qué momento se acercó.
Miras a tu alrededor y todo sigue igual, todo el mundo sigue igual, todo y todos menos...TÚ, te ves confundido, te sientes angustiado, te notas inquieto.
Y es que, todos sabemos que lo bueno no dura eternamente, sabemos que las cosas tienen un curso, y no podemos variarlo. Es entonces cuando te das cuenta, con los ojos mojados, que eso tenía que pasar, es cuando te das cuenta de que ya lo habías intentado asumir, pero no esperabas que fuese tan pronto.
Por eso intentemos vivir cada momento como si fuese el último porque algún día puede acabarse y sólamente tendremos...LO VIVIDO.
A lo que he vivido.




